En el quehacer diario constantemente estamos
experimentando una serie de emociones
que nos llevan a actuar de diversas maneras. Los padres somos los modelos y
maestros para nuestros hijos y debemos asumir nuestra responsabilidad en su
educación emocional. Ayudarlos a que aprendan a controlar sus emociones,
tolerar las frustraciones y demorar la gratificación constituye todo un reto
para los padres. Brindarles un ambiente donde se sientan seguros, amados,
escuchados y protegidos es el mejor
medio para favorecer emociones positivas. Para lograrlo debemos considerar:
- Que el hogar brinde un ambiente estable, donde el comportamiento de ambos padres sea más o menos igual, que no sean tan fluctuantes en sus estados de ánimo ya que así evitamos ambientes tensos.
- Crear un ambiente positivo, estable y confiable, donde los niños se sientan seguros del afecto y amor incondicional de sus padres. Trasmitirles que se los quiere porque son sus hijos no porque son guapos, inteligentes, o por sus habilidades y que este amor es incondicional y que a pesar de que se les corrija por alguna conducta inadecuada, eso no significa que el amor disminuyó sino por lo contrario, porque desean que sepa cómo actuar y porque es valioso.
- La buena salud emocional de los padres depende el bienestar psicológico de los niños, es por eso importante conocerse y aprender a controlar nuestras emociones negativas. Nuestro estado psicológico influye en el estado psicológico de nuestros niños. Si los padres no están ni se sienten bien, es difícil que controlen sus emociones y ayuden a sus hijos a hacerlo. Por ej. Si constantemente se corrigen con gritos, tú hijo (a) aprenderá que esa es la manera correcta y lo instalará como un patrón normal en su conducta y como modelo de relacionarse frente a diversas emociones negativas que experimente.
- Ser tolerantes con ellos. Si hacen algo inadecuado, por ejemplo no gritarles, ni utilizar palabras humillantes o etiquetarlos. No debemos maltratarlos ni creer que cuanto más se incida en lo ocurrido haciéndoles sentir culpables y mal, esto se les quedará más grabado para que no vuelvan a hacerlo o para que “aprendan mejor la lección”. Lo único que conseguirá es un niño (a) más inseguro e influirá negativamente en su autoconcepto y por consiguiente en su autoestima. No aprenderá a ser tolerante y a entender que el mundo no gira de la forma como ellos quieren que gire.
¿Cómo enseñar a nuestros
hijos a regular sus emociones?
· Valide sus emociones.
Ayúdelo
a reflejar sus emociones: Cuando lo vea triste, preocupado, angustiado dígale
cómo lo observa, no niegue sus emociones, haga que los exprese, no ignore lo
que le sucede. Por ejemplo no le diga: Es una tontería lo que te preocupa.., no
te sientas triste…, No tengas miedo, los fantasmas no existen. Son emociones
que experimentan y los vive como reales y es bueno enseñarles a que existen
emociones negativas y enseñarles a afrontarlas aceptándolas y brindándoles las
herramientas adecuadas para aceptarlas y superarlas. De esta su hijo (a) se
sentirá comprendido, aceptado y valorado y reforzará los vínculos afectivos y
abrirá un buen canal de comunicación y confianza con sus padres.
· Evite sobreprotegerlo
Esto no
ayuda a su independencia emocional. No debemos tratar de hacer todo por
ellos y solucionarles todos sus
problemas, ya que no aprenden a manejar sus emociones ni a asumir
comportamientos propios de su edad. Por ejemplo, dejar que duerma en la cama de
sus padres, que tome biberón hasta los 3 años, concederle todo cuanto solicita,
no permite que maduren emocionalmente.
· Elogie a su hijo (a).
Cuando
obtenga un logro por mínimo que sea y sobre todo cuando haga su esfuerzo por
vencer sus temores, aceptar sus errores, tolerar sus fracasos, esperar su
turno, aceptar un “no” frente a sus peticiones.
· No confrontarlo (a) demasiado.
Es
bueno que con nuestros comentarios tratemos de darle seguridad pero repetirle
constantemente, por ejemplo: “No tienes que tener miedo” son innecesarios, en
ocasiones refuerza el temor a lo temido. Debemos darle los recursos para que
puedan manejar sus preocupaciones, acompañándolos y aceptándolos como son.
Como
padres, debemos poner en práctica ciertos ejercicios que pueden ayudarnos a
manejar nuestras emociones negativas y así tener una mejor predisposición hacia
nuestros hijos. Por ejemplo podríamos:
- Identificar y hacer una lista de las emociones negativas que experimentamos con mayor frecuencia y analizar como reaccionamos frente a ellas.
- Elabora frases positivas que cuando éstas surjan podamos repetirlas mentalmente: “Yo puedo…, yo soy…, yo estoy.., etc.
- Podemos realizar actividades cotidianas que sean de agrado de toda la familia y ayude a expresar las emociones. Por ejemplo: juegos de mesa, actividades competitivas, etc.
Recordemos que no podemos dar
lo que no tenemos. Aprendamos, como padres a manejar nuestras emociones y
seamos buenos maestros para nuestros hijos.
Lic.
Shirley Garrido Arévalo
Psicóloga- Psicoterapeuta
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